¿Así leeremos?
Reporte Digital - PC Magazine en español
Javier
Matuk
Recuerdo
bien cuando comenzó la
fiebre por las páginas web. Muchos se
adelantaron a vaticinar que era “el fin
de los periódicos impresos”, otros
decían “ya no habrá más
libros, todo lo leeremos en pantalla”.
Y sí, parecía verdad. Había
poca información y esas primeras páginas
con noticias y demás eran realmente asombrosas.
Para 1994, esto era un “nuevo mundo”.
Sin
embargo, la historia siempre se encarga de
poner todo en su lugar
y dimensionar adecuadamente al paso del tiempo.
La fiebre de Internet lo único que hizo
fue, en primer lugar, generar más papel
impreso, al crearse muchas nuevas publicaciones
y revistas, miles de libros sobre el tema y cientos
y cientos de anuncios en los diarios, precisamente,
por los que querían dejar de usar el papel. ¡Qué vueltas
da la vida! A todo esto, en paralelo comenzó a
surgir el tema de los libros electrónicos
o ebooks. En la actualidad, después de
ya varios años, casi nada ha cambiado,
hemos comprendido que el sitio web de un periódico
es un complemento a la versión en papel
y que los libros electrónicos… ¿sirven? ¿Quién
se queda horas frente a la pantalla de la PC
leyendo una buena novela? ¿Dónde
quedó aquel sillón favorito para
poder leer?... si todas las predicciones sobre
los ebooks fueran ciertas, Amazon no vendería
ni un solo titulo en papel, ¡puros bytes!
La
verdad es que los libros electrónicos no reemplazarán en
el corto plazo a los de papel, sin embargo, la
experiencia de leer una obra en un PDA es diferente.
En varias ocasiones había instalado los
diferentes lectores para Palm, pero siempre me
pasaba lo mismo, leía unas cuantas “pantallas” y
perdía el interés. Tal vez era
el texto, que no me llamaba la atención.
Sin embargo, algo ha comenzado a cambiar y déjeme
platicar por que.
Todo
comenzó con
el Código Da Vinci. Lo comencé a
leer –en papel, de forma tradicional, en
el sillón favorito, etc.- y como a las
50 páginas alguien me envió el
libro en un archivo .doc. ¿Libros electrónicos?
La verdad es que no se de donde lo sacaron, pero
me llegó y lo abrí de inmediato
en Word. Al comprobar que era exactamente la
misma obra, pensé en de nuevo instalar
el software en la Palm y llevar las aventuras
de Robert Langdon a cualquier lugar. Debido a
la naturaleza adictiva de la novela, me encontré leyendo
en lugares insospechados. La disponibilidad obtenida
a través de un PDA es tal vez la característica
que deja atrás a cualquier libro tradicional.
No hay que “cargarlo”, no sucede
que “se me olvidó mi libro y no
puedo leer”. Al estar acostumbrado a cargar
la Palm hasta para… si, hasta esos lugares
privados, propios de todo individuo con necesidades
fisiológicas, me di cuenta que podía
leer cinco minutos, diez minutos, una hora. No
importaba el lugar ni la actividad. Esperando
en alguna oficina, en el transporte público,
no se diga en casa o en la oficina, el libro,
en la página exacta en donde se había
quedado, estaba siempre disponible, al toque
de un botón.
Así, terminé de
leer El Código en la Palm. Sólo
por curiosidad, volví a leer el último
capítulo en papel. “Sí, es
exactamente lo mismo, no le sobra ni le falta
nada”. ¿Será mi futuro leer
puros libros en estas pequeñas pantallas?
Buscando más textos encontré decenas
de clásicos, que, francamente, no me atraen.
Entré a varios sitios en donde venden
libros y finalmente terminé comprando,
por lo pronto, Digital Fortress,
también de Dan Brown, autor de El Código.
El libro está perfectamente formado, dividido
en capítulos y a través del Palm
Reader ya voy como en un 30% o más. Claro,
como las cosas son diferentes, aquí las
páginas son “pantallas” y
dice que en total tiene unas 1770. Así que,
estoy casi seguro que compraré Angels & Demons del
mismo autor y estaré leyendo en esos lugares
y en esas ocasiones que lo ultimo que piensa
es leer un poco más del libro que tiene
pendiente. Por ejemplo, el otro día tuve
que ir a reparar el automóvil, “¿Cuánto
tiempo se va a tomar?” “Como una
hora más o menos”. De inmediato
palpé mi Palm en el cinturón, recordé que
me quedé a la mitad de un interesante
capítulo de Digital Fortress… “¿Lo
espera o regresa después?” “No,
aquí espero, muchas gracias” y pasé un
rato entretenido, leyendo y esperando. Eso no
lo podría haber hecho con el libro tradicional,
pues tendría que cargarlo a todas partes
y, en un día normal eso no sucede.
Además, los libros
electrónicos ofrecen funciones como buscar
textos, hacer anotaciones de acuerdo a sus gustos
y necesidades, diccionario interconstruido en
la agenda, por si alguna palabra requiere de
explicación. Los libros digitales siempre
estarán intactos, no sufrirán el
deterioro normal por el uso y el paso de los
años. No se deshojan ni se doblan. Sólo
falta más oferta de títulos en
español, pues la gran mayoría de
los que he visto, están disponibles, para
variar, en inglés. En la red también
podrá encontrar de forma gratuita el software
para crear sus propias obras, dependiendo del
formato y la plataforma seleccionada.
Lo
que si nunca se olvida es la Palm, pues ya
forma parte del equipaje
normal. Cartera, monedas, teléfono y Palm.
Ni hablar. Estos son los tiempos que estamos
viviendo y que estamos leyendo. Por cierto, para
el registro, pagué por el libro unos 5
dólares, mucho menos que cualquier versión
impresa en la librería de descuento. Además,
lo puedo leer y leer y leer y sus “páginas” nunca
se desgastarán. Bienvenido al futuro. |