MP3: ¡Qué flojera!
Reporte Digital - PC Magazine en español
Javier
Matuk
Ya
me cansé. Llevo
meses y meses tratando de descifrar el verdadero
mundo del MP3. No, no es conectarse a Kazaa y
bajar la última canción –en
forma ilegal, por supuesto- de la Spears. El
asunto es vivir con archivos MP3 en lugar de
los tradicionales discos compactos. Es una locura
y, la verdad, después de todo este tiempo,
no se si ya me está pegando la edad o
bien, la tecnología es demasiado complicada
como para usarla todos los días y guardar
cientos de CDs.
El
experimento. Decidí primero
ripear o extraer las canciones de algunos de
los más de 500 o 600 discos que tengo
en mi colección. Como la PC en donde lo
quería hacer no se encuentra en el mismo
lugar que los discos, lo primero fue llevar y
traer en una maleta las cajas. Después,
probar y usar una variada cantidad de programas
para extraer la información, hasta que
me quedé con el MusicMatch, fijando un
formato MP3 a 224Kbits. Nada de 128Kbps o menos, ¡se
escucha horrible! Después, la colección
comenzó a crecer. La organización
en un disco duro externo de 40GB fue complicada,
más no imposible. Carpetas para el nombre
de los grupos o artistas y subcarpetas para los álbumes.
Hasta ahí todo bien, pero, si son canciones
sueltas, ¿cómo organizarlo? En
varios directorios tipo “Clásicos
POP”, “En Español”,
etc.
Me
aburrió la historia
de llevar y traer cajas de CDs, así es
que cargue el programa eMule para localizar canciones.
Después de un rato me di cuenta que había
disponibles discografías completas en
un solo archivo comprimido, que generalmente
ronda los 500 o más MB. Como tengo una
conexión de banda ancha y el programa
se encarga de bajar los archivos sin importar
el tiempo, fui obteniendo colecciones de grupos
que ya tenía en CD pero que no había
extraído. Así, por ejemplo, todos
los discos de Kraftwerk, Yes, Pink Floyd y más
llegaron a mi disco duro. ¿Infringí la
ley? No lo creo, pues tengo los originales, lo
que no hice fue el mete-saca-mete para ripear.
Claro, siempre busqué que por lo menos
tuvieran una calidad de 192Kbps, es lo mínimo
aceptable para poder disfrutar de algo de calidad
en las bocinas.
Ahora
bien, cada colección
de estas que bajé podía estar desde
muy bien organizada hasta un completo desastre.
Lo principal es el asunto de los ID tags, es
decir, la información que guardar el archivo
.mp3 referente al artista, canción, género,
año, etc. En algunas ocasiones era la
adecuada, pero en otras muchas –la mayoría-
no correspondía o simplemente no estaba
en el archivo. Con la ayuda del MusicMatch pude
recuperar casi toda la información en
forma semi-automática. Así, la
colección fue creciendo más y más.
En estos momentos hay unas 2,500 canciones ocupando
14GB.
Después la cuestión
era como obtener el sonido de la PC. En lugar
de comprar nuevas bocinas con subwoofer y más
y más cables y eliminadores, lo que hice
fue conectar la salida de audio a la entrada
auxiliar de un equipo estéreo compacto.
Funciona bien, es decir, se escucha con buena
calidad, pero nada del otro mundo.
El
principal problema de esta tecnología es a la hora de seleccionar
música para escuchar. Si uno se para frente
a su colección de discos, que en todo
caso es parecida físicamente a una colección
de libros, puede observar las cajas, dependiendo
como las tenga ordenadas, y más o menos
en unos cuantos segundos encontrar lo que busca,
ver la portada, recordar en donde adquirió o
quién el regalo el disco en cuestión.
Abrir la caja, colocarlo en la lectora y oprimir
play. Eso es todo. La música saldrá de
las bocinas sin interrupciones y con la mejor
calidad que pueda ofrecerle su equipo.
En
la PC la cosa es distinta. No hay forma de
darle un vistazo a la colección.
Para recordar todo lo que hay en el disco es
necesario avanzar muchas pantallas en el programa.
En varias ocasiones se pierden a la vista algunos
discos y canciones pues todo es del mismo color,
la misma letra, todo exactamente igual, ¡imagine
que todas las portadas de CD fueran negras con
letras blancas! Luego está la opción
de sortear canciones de acuerdo a la cantidad
de tiempo que requiere, por lo menos en el MusicMatch. ¡El
algoritmo aleatorio es pésimo! Generalmente
repite al artista en varias ocasiones y seleccionar
10 temas de una muestra de casi 2,500 no debe
ser muy complicado.
Por
esto y muchas otras cosas más ya me dio flojera todo el asunto
del MP3. Antes de comenzar a escribir este texto,
inserté un antiguo CD en el estéreo
y oprimí Play. No tengo que preocuparme
que el programa corra bien, puedo seguir escuchando
los beeps de la PC sin problema y la calidad
de sonido es la mejor. No hay cambios en el volumen,
eso es importante. Cuando me aburra lo que estoy
escuchando, no se si cargaré software
y seleccionaré la función “Aux” del
aparato o simplemente lo dejaré todo por
la paz. No cabe duda, siempre he sido apasionado
por todo lo que tenga que ver con tecnología,
pero esto de las colecciones MP3 masivas no me
acaba de convencer. Por lo menos no para el escritorio
o el lugar de trabajo. De viaje es otro boleto.
Tengo un reproductor ya medio viejito con 96Mb
en RAM, apenas si le caben unas 10 canciones
a buena calidad y en un viaje largo, ¡no
son nada! ¿Qué sigue? ¿Qué ahorre
para un iPod? No lo se, lo único que tengo
como referencia absoluta es que hace unos meses
cumplí cuatro décadas en el planeta.
La vida comienza a los 40, dicen por ahí,
pero ahora con muchos archivos MP3 en el disco
duro. ¿Me habrá pegado esto de
comenzar de nuevo.
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