¡Disco
lleno!
Reporte Digital - PC Magazine en español
Javier
Matuk
Recuerdo
la famosa declaración
de Bill Gates en 1981 “640Kb de memoria
RAM será suficiente para todos” cuando
las computadoras personales sólo ofrecían
unos 64Kb. De hecho, podía parecer que
tenía razón, pero nadie, ni él
mismo, imaginó el vertiginoso crecimiento
en capacidades de almacenamiento que ha sufrido
la industria. Ahora con memoria RAM de 1GB y
discos duros de 120GB, ¿qué hacer
con tanta información? ¿En donde
guardarla? ¿Cómo organizarla? ¿Qué sucede
en caso de desastre o falla? He aquí algunas
ideas y consejos que han surgido desde aquellos
días en que nos hicieron creer que 640Kb
era un mundo de memoria RAM.
Hay
que entender, primero, la diferencia entre
programas y datos. Los primeros
son los que se instalan en la PC y quedan, generalmente,
en una carpeta llamada “Archivos de Programa” o “Program
Files”. Ahí no hay mucho que hacer.
Simplemente se van acumulando los archivos hasta
cantidades insospechadas. Es posible remover
varios a través del panel de control,
sin embargo, típicamente estas carpetas
no se modifican mucho y rara vez hay que entrar
ahí para buscar información. Lo
segundo, “los datos”, son precisamente
todos los archivos que usted crea en la máquina.
Hablando de los tradicionales: documentos y hojas
de cálculo, nunca llenará un disco
duro de 120GB con esos archivos. Por más
que escriba o haga números, ocupan poco
espacio en realidad. El problema viene con los
archivos de música y se empeora con los
de video. En la PC que batalla que uso todos
los días tengo un disco duro interno de
80GB. Hace unos dos años que la comencé a
usar pensé lo mismo que Gates, “nunca
llenaré 80GB de datos”. Ahora tengo
que borrar archivos para hacer espacio.
Pero, ¿qué hacer? ¿Cómo
proteger su información? Lo primero recomendable
es tener dos o más particiones en el disco.
Por ejemplo, la “C” que viene de
fábrica usarla para todos los programas
y componentes de Windows que requiere el sistema.
Una segunda partición la uso siempre para
datos. El disco “D” está lleno
de archivos, artículos, textos, hojas
de cálculo, canciones y demás.
Le dije a Windows que la famosa carpeta “Mis
Documentos” apuntara precisamente a un
fólder en la partición “D”,
no en la “C” donde se crea por default.
De esta forma, tengo que preocuparme por respaldar
un solo segmento del disco, no todos los programas
de Windows. Esos están en sus cajas originales,
en caso de desastre, hay que reinstalar todo,
pero los datos, debidamente protegidos, normalmente
no les sucede nada y recuperarlos es cuestión
de una hora aproximadamente.
¿Cómo respaldar?
Lo mejor es usar un dispositivo externo. Puede
ser un disco duro (en mi caso tengo uno de 40GB
con USB 2.0) o bien, copiar archivos a discos
CD-R, pero con capacidades de 700MB, necesitaría
unos 60 para copiar todo el contenido de la partición “D”.
Así es que uso CD-Rs para grabar datos
y archivos vitales. Me los llevo a otro lugar
físicamente y repito la operación
cada mes. En cuanto al disco duro externo, tengo
programado un servicio para hacer un respaldo
incremental cada lunes a las 11 de la mañana.
Uso el Automatic Backup de iOmega, que si bien
no comprime, ofrece la ventaja de poder acceder
a los archivos en el disco duro externo desde
cualquier computadora, sin tener que instalar
software adicional ni mucho menos “descomprimir” los
archivos. Un detalle que siempre se olvida respaldar –por
lo complejo que resulta- son los correos y direcciones
de Outlook y Outlook Express. Para el segundo
hay un programa llamado “Outlook Express
Backup Wizard” que hace un trabajo maravilloso
copiando esos datos a donde se le indique. Como
no uso Outlook en ninguna versión, no
tengo ese problema. Ahora estoy usando el PocoMail
que incluye una función de respaldo, también
programada cada semana, que copia todos los mensajes,
carpetas y direcciones al disco duro externo.
Con
todo esto, hay veces que me siento desprotegido.
Pienso que de repente
una máquina va a fallar y me quedaré sin
información. Aunque tengo una notebook
con una copia de los archivos vitales, la posibilidad
siempre está presente. Una recomendación:
si no realiza respaldos constantes y metódicos
de su información, no se queje a la hora
que falle el disco duro o pierda datos por otras
causas. Lo recomendable es lo más difícil
de conseguir: disciplina y costumbre.
Ahora
bien, ¿a
dónde llegará todo esto? Al infinito
y más allá, como diría Buzz
Lightyear. No nos sorprenda si dentro de pocos
años tenemos computadoras con 10GB de
RAM y discos duros físicamente mucho más
pequeños y de 1,000GB de capacidad. Es
la tendencia. La convergencia de la telefonía,
el audio y el video con la computación
han hecho que las necesidades de almacenamiento
crezcan más cada vez. De igual forma,
el desarrollo de tecnologías para almacenar
datos no ha cesado: los discos duros magnéticos
pueden almacenar más y más información,
sin embargo, tendrán pronto un límite
por sus características físicas.
Siguen los “discos duros” con otras
tecnologías, como la holografía,
que ofrecerán más y más
espacio con mucha mejor confiabilidad.
A todo esto, ¿qué es
lo que graba en sus computadoras? Haga limpieza
constantemente. Más si se trata de servidores.
Los usuarios tienden a “olvidarse” de
sus archivos en otras máquinas y de
repente, llenan gigas y gigas de información
con auténtica basura. Le aseguro que
en el caso de computadoras personales, un disco
duro externo y un buen respaldo en discos CD-R
o DVD-R son medidas que le permitirán
dormir tranquilo. Así, aunque el hardware
falle, lo más que perderá es
el tiempo necesario para recuperar su respaldo.
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