Cuidado
cuando pegue
Javier
Matuk
Desde que se
ha generalizado el uso del correo electrónico
como medio de comunicación entre personas
y empresas, los problemas no han dejado de surgir.
Existen
varios, por supuesto, pero tal vez uno de los
más delicados es el de los famosos “archivos
pegados” o “attachs” como se
conoce en la jerga diaria.
Como recordará,
en un principio sólo era posible enviar
simples textos dentro de un mensaje de correo
electrónico. Estamos hablando de la era
anterior a Windows, cuando las pantallas eran
de un color y sólo mostraban texto. Después,
con la sofisticación de las aplicaciones
y nuevas velocidades de conexión disponibles,
los usuarios vieron la opción de enviar
archivos pegados o attachs a sus destinatarios.
En realidad esto vuelve a la herramienta mucho
más versátil y productiva que antes.
Ahora el correo es un servicio de entrega de
documentos también.
Sin embargo, la
gran mayoría
de usuarios no cuidan algunos detalles importantes
a la hora de enviar y recibir correos con archivos
o documentos pegados. Uno de los principales
problemas es la proliferación de virus
a través de este método. Con mala
intención se puede enviar desde un archivo
que simplemente borre los datos de su computadora
hasta otro que busque información financiera
y la envíe hasta su destinatario para
fines no muy ortodoxos.
De cualquier forma,
este asunto de los virus se puede llegar a controlar
usando un buen programa antivirus y teniendo
sentido común. Si le llega un correo con
un archivo pegado que parece atractivo pero que
desconoce al remitente, no lo piense más,
bórrelo de inmediato.
Ahora bien, ¿cuándo
revisa su correo hay veces que tarda horas en
terminar? Eso se debe, generalmente, a que le
han enviado archivos pegados a los mensajes y
la persona que se los mandó no tiene consideración
por usted. Los que se conectan a Internet en
las grandes oficinas no tienen problema, ya que
su acceso es rápido. Pero para la inmensa
mayoría de mortales que usamos el teléfono
en casa, por ejemplo, ¡puede ser desesperante!.
Antes
de pegar un documento, hoja de cálculo o presentación
a un correo electrónico, revise cuánto
mide en kilobytes. Si no sabe como hacer esto,
simplemente seleccione el nombre del archivo
y con el botón derecho del ratón
vea “propiedades”. Ahí saldrá el
tamañao. Cualquier archivo menor a unos
250 Kb es aceptable. Nadie se desespera y nadie
se queja. A partir de ese tamaño, puede
ser que tenga problemas para enviar sus documentos
y, lo más delicado, el destinatario para
recibirlos.
Pero, ¿qué hacer?
Bueno, alguna vez una persona me preguntó que
como le hacía para enviar unos 100 Mb
(megas) de información todos los días,
a lo que le dije, “Federal Express”.
El correo es bueno, pero no hace maravillas.
Los sistemas de intercambio de mensajes en Internet
son complejos y lentos por le método de
acceso de los usuarios. Si desea enviar una gran
cantidad de información a un cliente,
a otra oficina o a su proveedor, lo más
sensato en estos días es quemar un CD
y enviarlo físicamente hasta el domicilio
deseado.
Las posibilidades
de que una transmisión de archivos fallen
son directamente proporcionales al tamaño
en kbytes del mismo. Si cree que puede enviar
la última presentación de PowerPoint
que “sólo” mide 4 Mb, la persona
que lo recibe tendrá algunos problemas
o, por lo menos, se desesperará por lo
lento del proceso.
Existen algunas
opciones para resolver esta situación. La primera
es siempre observar los tamaños de los
archivos. No mande por mandar, no crea que “no
pasa nada”. Un usuario de e-mail responsable
considera a sus destinatarios y no les “pega” archivos
a diestra y siniestra. Otra opción es
primero enviar un correo avisando que desea pegar
un archivo de x tamaño y esperar a que
le contesten. Como es sabido, muchos buzones
de correo tienen espacio limitado y se llenan
rápidamente.
La tercera opción,
que es más laboriosa pero más efectiva
es usar uno de los servicios de disco duro gratuito
en el Web. Suscribiéndose a estos servicios,
puede dejar grabados los archivos que tanto quiere
enviar en un lugar intermedio. Entonces, su correo
diría algo así como “Ya terminé el
documento y la presentación. Están
en el servicio Xdrive. Entra por ellos con el
nombre y clave que conoces”.
Haciendo esto,
usted como originador de la información no se llevará más
tiempo, es decir, de todas formas tiene que transmitir
los documentos hacia algún lugar. En vez
de hacerlo directamente por e-mail, lo guarda
en un espacio virtual gratuito en la red. El
receptor del mensaje entonces podrá decidir
en que momento quiere ir a buscar su archivo.
Tal vez cuando esté leyendo su mensaje
tiene urgencia por hacer algo más y no
estará dispuesto a esperar a que “baje” todo
el archivo, así es que al estar disponible
en un disco virtual, se tienen opciones para
hacerlo cuando más convenga.
Haga
lo que haga, por favor no pegue archivos sin
antes considerar
el tamaño en bytes. No hay nada más
frustrante que estar bajando su correo nuevo
y tener que esperar 50 o 60 minutos por que
a alguien se le ocurrió enviar las fotos
de la última fiesta, “véanlas,
están padrísimas” podría
decir el mensaje. Sin embargo, destinó una
hora a esperar ese archivo no solicitado. |